Un antídoto contra las ocurrencias

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Abelardo Medellín Pérez

La preocupación que la ciudadanía ha expresado públicamente por las obras de rehabilitación y potencial ampliación del parque acuático Splash en el Tangamanga I, pese a que han intentado ser desacreditadas por medio de la necedad institucional, resulta urgente si volteamos a ver el actuar de la autoridad estatal cuando de problemas ambientales se trata.

Tras la controversia que esta semana ha generado el tema de las obras por la renovación del Splash, tanto la Secretaría de Ecología y Gestión Ambiental (Segam) como la dirección de los Parques Tangamanga salieron a dar su versión de los hechos, en la cual, más que aportar certeza al proyecto, se adjudicaron una nueva deuda de pruebas al prometer un proyecto guiado por estudios técnicos, sin presentar, poner a disposición o invitar a consultar dichos respaldos técnicos.

La actitud a la defensiva de las autoridades estatales, con argumentos tan vacuos como que la ciudadanía ha “satanizado” a la administración de los parques y que, por ello, la crítica no aplica para ellos, es el claro ejemplo de que las únicas crisis que merecen la atención del Ejecutivo son aquellas que afectan su imagen.

El gobernador no pidió que la Segam y la Cecurt salieran a explicar el proyecto, sino que le dieran cierto margen de maniobra mientras termina la rehabilitación del parque acuático y capitaliza el nuevo capricho millonario del sexenio.

Es por ello que las autoridades no han podido explicar por qué rehabilitar un parque acuático es más importante que ayudar en la rehabilitación de las plantas de tratamiento de agua en la capital potosina. También es la razón por la que no pueden revelar cuáles son los estudios detrás del proyecto —pues probablemente ni siquiera existan— y por la que ningún funcionario estatal ha hablado del riesgo de que coincida el punto más álgido de demanda de este parque con un posible “día cero” de desabasto masivo de agua en la capital durante el periodo de canícula.

La falta de transparencia y previsión que el gobierno deja ver con estas obras, pese a las múltiples expresiones de preocupación ciudadana, demuestra que, en la mente del Ejecutivo estatal, todo es justificable en tanto pueda empaquetarlo en una caja verde y venderlo como un triunfo del gobernador.

No importa si las obras de la nueva carretera a Matehuala son clausuradas por una dependencia federal debido a los daños que ha provocado en el sitio, siempre y cuando las fotografías puedan subirse a Facebook.

No importa si el único río vivo de la capital potosina padece contaminación y necesita la intervención de las autoridades, pues siempre el gobernador podrá lavarse las manos en público y encargarle el control de las afectaciones a su imagen a alguien más.

No importa si la idea para mejorar una avenida en San Luis Potosí incluye derribar árboles y convertir un camellón en una ciclovía irregular, pues siempre podrán abandonar el proyecto original por ser impopular y acusar a sus detractores de pertenecer a la Herencia Maldita.

Si la historia de esta administración nos sirve como guía, lo mejor que le puede pasar al Tangamanga I para evitar convertirse en el escenario de un ecocidio minimizado es que la popularidad de la propuesta original se desplome.

Que la ciudadanía advierta que las primeras semanas de actividades en este parque van a empatar con los primeros días de un potencial periodo de desabasto y problemáticas para acceder al agua potable. Que el capitalino promedio ponga en la balanza si la facilidad de acceso a un centro recreativo acuático vale solapar un capricho mal planeado, opaco, potencialmente riesgoso para el manto acuífero y cuyo único propósito es vestir las redes sociales de un gobernador.

Lo único que le falta al Splash es un empujoncito hacia la infamia para que el gobernador decida enviarlo al cajón de caprichos incumplidos, ahí, justo donde guardó el campo de Golf del Tangamanga II, el zoológico inmersivo y el Cristo gigante de Joya Honda. Probablemente para eso parezca tarde, pero es más probable que el gobernador eche para atrás una obra que no le genera dividendos de popularidad, antes que admitir las pifias administrativas detrás de su injustificable idea.

Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad del autor y no necesariamente representan la postura de Astrolabio.

Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Maestrando en Estudios sobre la Democracia y Procesos Electorales en el posgrado de Derecho de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Ha trabajado como reportero y columnista en los medios digitales La Orquesta y Arco Informativo; actualmente es jefe de información de Astrolabio Diario Digital. Ha sido acreedor de dos premios estatales de periodismo en las categorías de Artículo de Fondo y Periodismo Regional.